El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte Una hora después el capitán corrÃa la posta hacia Madrid al lado de nuestro héroe, quien, por de pronto, ya habÃa soltado sus harapos y vestÃa un magnÃfico traje de terciopelo negro, adornado con encajes vistosÃsimos; ceñÃa espadÃn, y llevaba sombrero galoneado.
Felipe V le habÃa regalado aquella vestimenta y mucho dinero, después que se hubo enterado de su milagrosa amistad con la Muerte.
Sigamos nosotros al buen Gil Gil por mucho que corra, pues podrÃa acontecer que se encontrara en la cámara de la Reina con su idolatrada Elena de Monteclaro, o con la odiosa condesa de Rionuevo, y no es cosa de que ignoremos los pormenores de unas entrevistas tan interesantes.
Conferencia preliminar
SerÃan las seis de la tarde cuando Gil Gil y el capitán se apeaban a las puertas de palacio.
Un gentÃo inmenso inundaba aquellos lugares, sabedor del peligro en que se encontraba la vida del joven Rey.
Al poner nuestro amigo el pie en el umbral del alcázar dio de manos a boca con la Muerte, que salÃa con paso precipitado.
—¿Ya? —preguntó Gil Gil lleno de susto.
—¡TodavÃa no! —respondió la siniestra deidad.
El médico respiró con satisfacción.