El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte Gil Gil retrocedió lleno de asombro.
—¿Cómo? —exclamó—. ¡También tienes que ver con los irracionales!…
—¿Qué es eso de irracionales? ¿Acaso los hombres tenéis verdadera razón? ¡La razón es una sola, y ésa no se ve desde la tierra!
—Pero dime —replicó Gil—: los animales…, los brutos… los que aquí llamamos irracionales, ¿tienen alma?
—Sí y no. Tienen un espíritu sin libertad e irresponsable… Pero, ¡vete al diablo! ¡Qué preguntón estás hoy! Conque adiós… Me encamino a cierta noble casa…, donde voy a hacerte otro favor.
—¡Un favor a mí! ¡Dímelo claramente! ¿De qué se trata?
—De frustrar cierta boda.
—¡Ah!… —exclamó Gil Gil, concibiendo una horrible sospecha—. ¿Será acaso…?
—Nada más te puedo decir… —contestó la Muerte—. Ve adentro que se hace tarde.
—¡Me vuelves loco!
—¡Déjate llevar y lo pasarás mejor! Tienes mi promesa de que llegarás a ser completamente dichoso.
—¡Ah! ¡Conque somos amigos! ¿No piensas matarnos ni a mí ni a Elena?