El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Porque la condesa temÃa arrepentirse algún dÃa; porque adivinaba que esos papeles podrÃan ser en tal situación su pasaporte para la eternidad… En fin: porque es un hecho constante que ningún pecador borra las huellas de sus crÃmenes, temeroso de olvidarlos a la hora de la muerte y de no poder retroceder por sus mismos pasos hasta encontrar la senda de la virtud. Te repito, pues, que esos papeles existen.
—De modo que en consiguiéndolos Elena será mÃa… —insistió Gil Gil, dudando siempre que la Muerte pudiera procurarle la felicidad.
—Aún habrÃa que vencer otro obstáculo… —respondió la Muerte.
—¿Cuál?
—Que Elena está prometida por su padre a un sobrino de la condesa, al vizconde de Daimiel.
—¡Cómo! ¿Ella le ama?
—No; pero es lo mismo, puesto que hace dos meses contrajeron esponsales…
—¡Oh!… ¡Conque todo es inútil! —exclamó Gil con desesperación.
—¡Lo hubiera sido sin mÃ! —replicó la Muerte—. Pero ya te dije a las puertas de este palacio que trataba de frustrar una boda…
—¡Cómo! ¿Has matado al vizconde?