El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Vengo a continuar la misión que el Eterno me ha encomendado cerca de ti.
—Pero ¿no vienes a matarnos?
—De ninguna manera.
—¡Ah!… Entonces…
—Sin embargo, ya que logro verte, o, por mejor decir, que tú me veas, necesito tomar ciertas precauciones a fin de que no vuelvas a olvidarme.
—¿Y qué precauciones son ésas? —preguntó Gil temblando más que nunca.
—Necesito también hacerte ciertas revelaciones importantÃsimas…
—¡Ah! ¡Vuelve mañana!
—¡Oh!… No. ¡Imposible! Nuestro encuentro de esta noche es providencial.
—¡Amigo mÃo! —exclamó el pobre joven.
—¡Y tan amigo! —respondió la Muerte—. Porque lo soy necesito que me sigas.
—¿Adónde?
—A mi casa.
—¡A tu casa! ¿Conque vienes a matarme? ¡Ah, cruel! ¡Y ésa es tu amistad! ¡Espantoso sarcasmo! ¡Me haces conocer la ventura y me la arrebatas en seguida!… ¿Por qué no me dejaste morir aquella noche?