El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —¡Calla, desgraciado! —replicó la Muerte con solemne tristeza—. ¡Dices que conoces la felicidad!… ¡Cómo te engañas! ¡A eso propendo yo! ¡A que la conozcas!
—¡Mi felicidad es Elena! ¡Renuncio a todo lo demás!
—Mañana verás más claro.
—¡Mátame, pues! —gritó Gil, con desesperación.
—SerÃa inútil.
—¡Mátala a ella entonces! ¡Mátanos a los dos!
—¡Cómo deliras!
—¡Ir a tu casa, Dios mÃo! Pero ¡déjame siquiera despedirme de mi adorada!… ¡Déjame decirle adiós!…
—Accedo a ello… ¡Despierta, Elena! ¡Ven! ¡Yo te lo mando! MÃrala… Allà viene…
—Y bien: ¿qué le digo? ¿A qué hora podré volver esta noche?
—Dile…, que al amanecer os veréis.
—¡Oh! ¡No!… ¡Yo no quiero estar contigo tantas horas!… ¡Hoy te tengo más miedo que nunca!
—¡Cuidado conmigo!
—¡No te enojes! —exclamó el desconsolado esposo—. ¡No te enojes, y di la verdad!… ¿Nos veremos, en efecto, al amanecer Elena y yo?