El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Mucho tenemos que andar… —dijo la Muerte a nuestro amigo Gil luego que salieron de la quinta—. Voy a pedir mi carro.
E hirió con el pie en el suelo.
Un sordo ruido, como el que precede al terremoto, resonó debajo de la tierra. Alzóse luego alrededor de los dos amigos un vapor ceniciento, entre cuya niebla apareció una especie de carro de marfil por el estilo de los que vemos en los bajorrelieves de la antigüedad pagana.
A poco que reparase cualquiera (no lo ocultaremos al lector), habrÃa echado de ver que aquel carro no era de marfil, sino pura y simplemente de huesos humanos, pulidos y enlazados con exquisito primor, pero que no habÃan perdido su forma natural.
Dio la Muerte la mano a Gil y montaron en el carro, el cual se alzó por el aire como los globos que conocemos hoy, con la única diferencia de que lo dirigÃa la voluntad de los que iban dentro.