El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —¿Para qué?
—Para adorar al Criador del Universo.
Y asà diciendo, descendió del carro.
—Yo también quiero contemplar la ciudad de Dios y meditar sobre sus ruinas —repuso Gil arrodillándose al lado de la Muerte y cruzando las manos con fervorosa piedad.
Cuando ambos hubieron terminado aquella oración, la Muerte recobró su locuacidad y su alegrÃa, y, entrando otra vez en el carro precedida de Gil Gil, dijo de esta manera.