El Capitán Veneno
El Capitán Veneno Envidiable reputación tenía aquel facultativo, y justificóla de nuevo en la rápida y feliz primera cura que hizo a nuestro héroe, restañando la sangre de sus heridas con medicinas caseras, y reduciéndole y entablillándole la fractura de la pierna sin más auxiliares que las tres mujeres. Pero como expositor de su ciencia, no se lució tanto, pues el buen hombre adolecía del vicio oratorio de Pero Grullo.
Desde luego respondió que el Capitán no moriría, «dado que saliese antes de veinticuatro horas de aquel profundo amodorramiento», indicio de una grave conmoción cerebral, causada por la lesión que en la frente le había producido un proyectil oblicuo —disparado con arma de fuego, sin quebrantarle, aunque sí contundiéndole, el hueso frontal—, «precisamente en el sitio en que tenía la herida, a consecuencia de nuestras desgraciadas discordias civiles y de haberse mezclado aquel hombre en ellas»; añadiendo en seguida, por vía de glosa, que si la susodicha conmoción cerebral no cesaba dentro del plazo marcado, el Capitán moriría sin remedio, «en señal de haber sido demasiado fuerte el golpe del proyectil; y que, respecto a si cesaría o no cesaría la tal conmoción antes de las veinticuatro horas, se reservaba su pronóstico hasta la tarde siguiente».