El niño de la bola

El niño de la bola

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Profusamente alumbrada la tenía también aquella noche la etiquetera Basilia, así como abierta de par en par y con toda la servidumbre en ejercicio, a fin de recibir al señor con los honores debidos a sus grandes riquezas y a la sangre real mahometana de que procedía.

El arriero malagueño, alojado allí con sus tres mulas, y resuelto a no marcharse de la ciudad hasta después de la rifa que tanto le elogió el mismo Venegas la tarde anterior, hallábase en el patio, haciendo de portero, y saludó con una profunda reverencia al extraordinario personaje con quien había andado tres largas jornadas sin imaginar que llevaba consigo al terror y asombro de las gentes.

Al pie de la escalera estaba la pérfida Volanta, que no sólo era amiga de Vitriolo, y paniaguada de Soledad y de la señá María Josefa, sino también duende familiar[201] de Polonia y Basilia; lo cual quiere decir que discurría libremente y con salvoconducto por todos los campamentos, como los traidores y los espías. Don Trinidad, hombre de clarísimo instinto, la miró con enojo; pero ella le besó la mano y corrió a ocultarse en las tinieblas como una garduña en su escondrijo.

Por último, en la primera meseta[202] estaba la ceremoniosa Basilia, quien, después de hacer al hijo de don Rodrigo los tres saludos de ordenanza, dijo respetuosamente:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker