El niño de la bola
El niño de la bola LA RIFA
Aquel mismo sol cuyos matutinos rayos habían alumbrado la solemne y conmovedora partida de Manuel Venegas, continuaba a las tres y media de la tarde la majestuosa marcha, llevando en pos de sí las horas póstumas y sobrantes de un día al parecer ya inútil, cuyo interés y juicio histórico dieron por concluidos tan de mañana todos los habitantes de la ciudad.
Obedeciendo, empero, la mayoría de éstos a la ley de inmemoriales costumbres, habían acudido, después de comer, a aquel anfiteatro de amarillos cerros, cuajados de habitadas cuevas, donde, como todos los años en tal fecha, debía celebrarse el baile de rifa del Niño de la Bola, y donde ocho años antes tuvo lugar la fatal subasta en que el hijo de don Rodrigo fue derrotado por don Elías Pérez.
No sólo este acaudalado sujeto, sino otros muchos ricos y pobres de los que allí vimos, habían muerto desde 1832 a 1840. En cambio, innumerables niñas y niños de entonces eran ya mujeres y hombres hechos y derechos; muchos solteros y solteras se habían casado y tenían hijos, y no pocos padres y madres a quienes conocimos frescos y buenos mozos, figuraban ya entre los viejos y los abuelos. Por consiguiente, el cuadro venía a ser el mismo, a primera vista y en conjunto, aunque hubiese variado en individuales pormenores.