El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos Precedámosles nosotros, supuesto que tenemos carta blanca para andar más de prisa que nadie.
Garduña se hallaba ya de vuelta en el molino, después de haber buscado a la señá Frasquita por todas las calles de la ciudad…
El astuto alguacil habĂa tocado de camino en el corregimiento, donde lo encontrĂł todo muy sosegado. Las puertas seguĂan abiertas como en medio del dĂa, segĂşn es costumbre cuando la autoridad está en la calle ejerciendo sus sagradas funciones. Dormitaban en la meseta de la escalera y en el recibimiento otros alguaciles y ministros, esperando descansadamente a su amo, mas, cuando sintieron llegar a Garduña, desperezáronse dos o tres de ellos, y le preguntaron al que era su decano y jefe inmediato:
—¿Viene ya el señor?
—¡Ni por asomo! Estaos quietos. Vengo a saber si ha habido novedad en la casa…
—Ninguna.
—¿Y la señora?
—Recogida en sus aposentos.
—¿No ha entrado una mujer por estas puertas hace poco?
—Nadie ha parecido por aquà en todo la noche…