El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Vamos a la ciudad e impidamos que ese hombre hable con mi mujer y le cuente todas las majaderÃas que se haya figurado! —dijo el corregidor, arrimándose a una de las burras—. Deme usted un pie para montar, señor alcalde.
—Vamos a la ciudad, sÃ… —añadió Garduña—, ¡y quiera el cielo, señor corregidor, que el tÃo Lucas, amparado por su vestimenta, se haya contentado con hablarle a la señora!
—¿Qué dices, desgraciado? —prorrumpió D. Eugenio de Zúñiga—. ¿Crees tú a ese villano capaz?…
—¡De todo! —contestó la señá Frasquita.