El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos Al fin, cerca de la una, abrióse un ventanillo del piso segundo, y dijo una voz femenina:
—¿Quién?
—Es la voz del ama de leche… —murmuró Garduña.
—¡Yo! —respondió D. Eugenio de Zúñiga—. ¡Abrid!
Pasó un instante de silencio.
—¿Y quién es usted? —replicó luego la nodriza.
—¿Pues no me está usted oyendo? ¡Soy el amo!…, ¡el corregidor!…
Hubo otra pausa.
—¡Vaya usted mucho con Dios! —repuso la buena mujer—. Mi amo vino hace una hora, y se acostó en seguida. ¡Acuéstense ustedes también, y duerman el vino que tendrán en el cuerpo!
Y la ventana se cerró de golpe.
La señá Frasquita se cubrió el rostro con las manos.
—¡Ama! —tronó el corregidor, fuera de s×. ¿No oye usted que le digo que abra la puerta? ¿No oye usted que soy yo? ¿Quiere usted que la ahorque también?
La ventana volvió a abrirse.
—Pero vamos a ver… —expuso el ama—. ¿Quién es usted para dar esos gritos?