El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Pobre Lucas! —suspiró la señá Frasquita.
—¡Pobre de mÃ! —murmuró la corregidora tranquilamente.
—Eso dijimos todos… «¡Pobre tÃo Lucas y pobre señora!». Porque… la verdad, señá Frasquita, ya tenÃamos idea de que mi señor habÃa puesto los ojos en usted…, y, aunque nadie se figuraba que usted…
—¡Ama! —exclamó severamente la corregidora—. ¡No siga usted por ese camino!…
—Continuaré yo por el otro… —dijo un alguacil, aprovechando aquella coyuntura para apoderarse de la palabra—. El tÃo Lucas (que nos engañó de lo lindo con su traje y su manera de andar cuando entró en la casa; tanto que todos lo tomamos por el señor corregidor), no habÃa venido con muy buenas intenciones que digamos, y si la señora no hubiera estado levantada…, figúrese usted lo que habrÃa sucedido…