El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos Piaban los pajarillos saludando el alba, cuando el tío Lucas y la señá Frasquita salían de la ciudad con dirección a su molino.
Los esposos iban a pie, y delante de ellos caminaban apareadas las dos burras.
—El domingo tienes que ir a confesar —le decía la molinera a su marido—, pues necesitas limpiarte de todos tus malos juicios y criminales propósitos de esta noche…
—Has pensado muy bien… —contestó el molinero—. Pero tú, entretanto, vas a hacerme otro favor, y es dar a los pobres los colchones y ropa de nuestra cama, y ponerla toda de nuevo. ¡Yo no me acuesto donde ha sudado aquel bicho venenoso!
—¡No me lo nombres, Lucas! —replicó la señá Frasquita—. Conque hablemos de otra cosa. Quisiera merecerte un segundo favor…
—Pide por esa boca…
—El verano que viene vas a llevarme a tomar los baños del Solán de Cabras.
—¿Para qué?
—Para ver si tenemos hijos.
—¡Felicísima idea! Te llevaré, si Dios nos da vida.