El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¿Y por qué serÃas entonces otro? —insistió valientemente la señá Frasquita, dejando de barrer y poniéndose en jarras para mirar hacia arriba.
El tÃo Lucas se rascó la cabeza, como si escarbara para sacar de ella alguna idea muy profunda, hasta que al fin dijo con más seriedad y pulidez que de costumbre:
—SerÃa otro, porque yo soy ahora un hombre que cree en ti como en sà mismo, y que no tiene más vida que esta fe. De consiguiente, al dejar de creer en ti, me morirÃa o me convertirÃa en un nuevo hombre; vivirÃa de otro modo; me parecerÃa que acababa de nacer; ¡tendrÃa otras entrañas! Ignoro, pues, lo que harÃa entonces contigo… Puede que me echara a reÃr y te volviera la espalda… Puede que ni siquiera te conociese… Puede que… Pero ¡vaya un gusto que tenemos en ponernos de mal humor sin necesidad! ¿Qué nos importa a nosotros que te quieran todos los corregidores del mundo? ¿No eres tú mi Frasquita?