El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Si, pedazo de bárbaro! —contestó la navarra, riendo a más no poder—. Yo soy tu Frasquita, y tú eres mi Lucas de mi alma, más feo que el bu, con más talento que todos los hombres, más bueno que el pan, y más querido… ¡Ah!, ¡lo que es eso de querido, cuando bajes de la parra lo verás! ¡Prepárate a llevar más bofetadas y pellizcos que pelos tienes en la cabeza! Pero ¡calla! ¿Qué es lo que veo? El señor corregidor viene por allà completamente solo… ¡Y tan tempranito!… Ese trae plan… ¡Por lo visto, tú tenÃas razón!…
—Pues aguántate, y no le digas que estoy subido en la parra. ¡Ese viene a declararse a solas contigo, creyendo pillarme durmiendo la siesta!… Quiero divertirme oyendo su explicación.
Asà dijo el tÃo Lucas, alargando la cesta a su mujer.
—¡No está mal pensado! —exclamó ella, lanzando nuevas carcajadas—. ¡El demonio del madrileño! ¿Qué se habrá creÃdo que es un corregidor para mÃ? Pero aquà llega… Por cierto que Garduña, que lo seguÃa a alguna distancia, se ha sentado en la ramblilla a la sombra… ¡Qué majaderÃa! Ocúltate tú bien entre los pámpanos, que nos vamos a reÃr más de lo que te figuras…