El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —Ahà tienes —le dijo al mismo tiempo— la carta que me has pedido para el alcalde del lugar. Tú le explicarás de palabra todo lo que tiene que hacer. ¡Ya ves que sigo tu plan al pie de la letra! ¡Desgraciado de ti si me metes en un callejón sin salida!
—¡No hay cuidado! —contestó Garduña—. El señor Juan López tiene mucho que temer, y en cuanto vea la firma de UsÃa, hará todo lo que yo le mande. ¡Lo menos le debe mil fanegas de grano al Pósito Real, y otro tanto al Pósito PÃo!… Esto último contra toda ley, pues no es ninguna viuda ni ningún labrador pobre para recibir el trigo sin abonar creces ni recargo, sino un jugador, un borracho y un sin vergüenza, muy amigo de faldas, que trae escandalizado el pueblecillo… ¡Y aquel hombre ejerce autoridad!… ¡Asà anda el mundo!