El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¿Cómo seguirte? —exclamó el tÃo Lucas, penetrando en el molino, después de tomar el papel—. ¡A ver, Frasquita!, ¡alumbra!
La señá Frasquita soltó una cosa que tenÃa en la mano, y descolgó el candil.
El tÃo Lucas miró rápidamente el objeto que habÃa soltado su mujer, y reconoció su bocacha, o sea un enorme trabuco que calzaba balas de a media libra.
El molinero dirigió entonces a la navarra una mirada llena de gratitud y ternura, y le dijo, tomándole la cara:
—¡Cuánto vales!
La señá Frasquita, pálida y serena como una estatua de mármol, levantó el candil, cogido con dos dedos, sin que el más leve temblor agitase su pulso, y contestó secamente:
—¡Vaya, lee!
La orden decÃa asÃ:
Para el mejor servicio de S. M. el Rey Nuestro Señor (Q. D. G.), prevengo a Lucas Fernández, molinero, de estos vecinos, que tan luego como reciba la presente orden, comparezca ante mi autoridad sin excusa ni pretexto alguno, advirtiéndole que, por ser asunto reservado, no lo pondrá en conocimiento de nadie: todo ello bajo las penas correspondientes, caso de desobediencia.
El Alcalde:
JUAN LÓPEZ