El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Hay más! —dijo el abuelo de la novia—: hasta en el libro de la Doctrina y en los mismos Sermones se habla a los niños de todas estas cosas tan naturales, al ponerlos al corriente de la larga esterilidad de Nuestra Señora Santa Ana, de la virtud del casto José, de la estratagema de Judit, y de otros muchos milagros que no recuerdo ahora. Por consiguiente, señores…
—¡Nada, nada, tÃo Repela! —exclamaron valerosamente las muchachas—. ¡Diga usted otra vez su Relación; que es muy divertida!
—¡Y hasta muy decente! —continuó el abuelo—. Pues en ella no se aconseja a nadie que sea malo; ni se le enseña a serlo; ni queda sin castigo el que lo es…
—¡Vaya!, ¡repÃtala usted! —dijeron al fin consistorialmente las madres de familia.
El tÃo Repela volvió entonces a recitar el romance; y, considerado ya su texto por todos a la luz de aquella crÃtica tan ingenua, hallaron que no habÃa pero que ponerle; lo cual equivale a decir que le concedieron las licencias necesarias.