El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Por aquÃ, tÃo Lucas!… —dijo Toñuelo, llevándose también el cántaro, por si le quedaban algunas gotas.
—Hasta mañana, si Dios quiere —agregó el sacristán, después de escurrir todos los vasos.
Y se marchó, tambaleándose y cantando alegremente el De profundis.
—Pues, señor… —dÃjole el alcalde al secretario cuando se quedaron solos—. El tÃo Lucas no ha sospechado nada. Nos podemos acostar descansadamente, y… ¡buena pro le haga al corregidor!