El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Ca!, no… ¡De ningún modo! Yo duermo en el pajar como un rey.
—Mire usted que tenemos cabeceras…
—¡Ya lo creo! Pero ¿a qué quiere usted incomodar a la familia? Yo traigo mi capote…
—Pues, señor, como usted guste. ¡Manuela!: dile a tu ama que no la ponga…
—Lo que sà va usted a permitirme —continuó el tÃo Lucas, bostezando de un modo atroz— es que me acueste en seguida. Anoche he tenido mucha molienda, y no he pegado todavÃa los ojos…
—¡Concedido! —respondió majestuosamente el alcalde—. Puede usted recogerse cuando quiera.
—Creo que también es hora de que nos recojamos nosotros —dijo el sacristán, asomándose al cántaro de vino para graduar lo que quedaba—. Ya deben de ser las diez… o poco menos.
—Las diez menos cuartillo… —notificó el secretario, después de repartir en los vasos el resto del vino correspondiente a aquella noche.
—¡Pues a dormir, caballeros! —exclamó el anfitrión, apurando su parte.
—Hasta mañana, señores —añadió el molinero, bebiéndose la suya.
—Espere usted que le alumbren… ¡Toñuelo! Lleva al tÃo Lucas al pajar.