El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —Pues entonces, tÃo Lucas —continuó el Alcalde—, supuesto que no tiene usted gran prisa, dormirá usted acá esta noche, y mañana temprano despacharemos nuestro asuntillo…
—Me parece bien… —respondió el tÃo Lucas con una ironÃa y un disimulo que nada tenÃan que envidiar a la diplomacia del Sr. Juan López—. Supuesto que la cosa no es urgente…, pasaré la noche fuera de mi casa.
—Ni urgente, ni de peligro para usted —añadió el alcalde, engañado por aquel a quien creÃa engañar—. Puede usted estar completamente tranquilo. Oye tú, Toñuelo…, alarga esa media fanega, para que se siente el tÃo Lucas.
—Entonces… ¡venga otro trago! —exclamó el molinero, sentándose.
—¡Venga de ahÃ! —repuso, el alcalde, alargándole el vaso lleno.
—Está en buena mano… Médielo usted.
—¡Pues, por su salud! —dijo el señor Juan López, bebiéndose la mitad del vino.
—¡Por la de usted…, señor alcalde! —replicó el tÃo Lucas, apurando la otra mitad.
—¡A ver, Manuela! —gritó entonces el alcalde de monterilla—. Dile a tu ama que el tÃo Lucas se queda a dormir aquÃ. Que le ponga una cabecera en el granero…