El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos En aquel mismo momento sintió rumor de pasos hacia el camino, que distarÃa de allà unas trescientas varas.
—¡Qué imprudente soy! —dijo—. ¡Si me andará ya buscando la Justicia, y yo me habré vendido al echar estas yescas!
Escondió, pues, la lumbre, y se apeó, ocultándose detrás de la borrica.
Pero la borrica entendió las cosas de diferente modo, y lanzó un rebuzno de satisfacción.
—¡Maldita seas! —exclamó el tÃo Lucas, tratando de cerrarle la boca con las manos.
Al propio tiempo resonó otro rebuzno en el camino, por vÃa de galante respuesta.
—¡Estamos aviados! —prosiguió pensando el molinero—. ¡Bien dice el refrán: el mayor mal de los males es tratar con animales!
Y, asà discurriendo, volvió a montar, arreó la bestia, y salió disparado en dirección contraria al sitio en que habÃa sonado el segundo rebuzno.
Y lo más particular fue que la persona que iba en el jumento interlocutor, debió de asustarse del tÃo Lucas tanto como el tÃo Lucas se habÃa asustado de ella. Lo digo, porque apartóse también del camino, recelando sin duda que fuese un alguacil o un malhechor pagado por D. Engenio, y salió a escape por los sembrados de la otra banda.