El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Este ha sido el precio de la venta! —pensó el tÃo Lucas, metiéndose el papel en la boca para sofocar sus gritos y dar alimento a su rabia—. ¡Siempre recelé que quisiera a su familia más que a mÃ! ¡Ah! ¡No hemos tenido hijos!… ¡He aquà la causa de todo!
Y el infortunado estuvo a punto de volver a llorar.
Pero luego se enfureció nuevamente, y dijo con un ademán terrible, ya que no con la voz:
—¡Arriba! ¡Arriba!
Y empezó a subir la escalera, andando a gatas con una mano, llevando el trabuco en la otra, y con el papel infame entre los dientes.
En corroboración de sus lógicas sospechas, al llegar a la puerta del dormitorio (que estaba cerrada), vio que salÃan algunos rayos de luz por las junturas de las tablas y por el ojo de la llave.
—¡Aquà están! —volvió a decir.
Y se paró un instante, como para pasar aquel nuevo trago de amargura.
Luego continuó subiendo… hasta llegar a la puerta misma del dormitorio.
Dentro de él no se oÃa ningún ruido.
—¡Si no hubiera nadie! —le dijo tÃmidamente la esperanza.
Pero en aquel mismo instante el infeliz oyó toser dentro del cuarto…