El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Cómo! ¿Es usted? ¿Qué significa? ¿Cómo se atreve? ¿A qué viene usted a estas horas?… —gritó la molinera con más indignación que espanto, pero retrocediendo maquinalmente.
—¡Calla! ¡Calla, mujer! —tartamudeó el corregidor, colándose en el aposento detrás de ella—. Yo te lo diré todo… ¡He estado para ahogarme! ¡El agua me llevaba ya como a una pluma! ¡Mira, mira cómo me he puesto!
—¡Fuera, fuera de aquí! —replicó la señá Frasquita con mayor violencia—. ¡No tiene usted nada que explicarme!… ¡Demasiado lo comprendo todo! ¿Qué me importa a mí que usted se ahogue? ¿Lo he llamado yo a usted? ¡Ah! ¡Qué infamia! ¡Para esto ha mandado usted prender a mi marido!
—Mujer, escucha…
—¡No escucho! ¡Márchese usted inmediatamente, señor corregidor!… ¡Márchese usted, o no respondo de su vida!…
—¿Qué dices?
—¡Lo que usted oye! Mi marido no está en casa; pero yo me basto para hacerla respetar. ¡Márchese usted por donde ha venido, si no quiere que yo le arroje otra vez al agua con mis propias manos!