La Alpujarra
La Alpujarra Y, por consiguiente también, aquel a quien el pobre Beneficiado de Béznar aconsejaba que se volviese atrás y que huyese de los Monfíes; aquella señoría, al parecer tan castellana y tan católica, era el ídolo de los irritados moriscos, era la esperanza de sus agravios, era el que por su estirpe sagrada, por su regia categoría y por sus prendas personales, ambicionaban para jefe; era el que tal vez fue tachado por algunos de indiferente a los dolores de su raza, al verlo disipar su juventud en fiestas y amoríos, confundido con los aristócratas cristianos; era el que tornó a captarse la adoración supersticiosa de todos los descendientes de los moros, no bien empezó a creérsele autor de aquellas desastradas muertes de los enemigos de su padre; era el REY deseado de los conspiradores, el anunciado de los astrólogos, el temido de los que veían condensarse la rebelión musulmana; era, en fin, o había de ser desde aquel día, el trágico personaje que conoce la Historia bajo el sangriento nombre de ABEN-HUMEYA.
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Pero han transcurrido los tres minutos y las tres leguas que nos separaban de él…
¡Helo que llega a toda brida; pasa como un relámpago; nos deja atrás, sin curarse de nosotros, y penetra en Béznar, seguido de la morisca y del esclavo!…
¡Todavía es D. FERNANDO DE VALOR!… sigámosle… Entremos en Béznar detrás de él…