La Alpujarra
La Alpujarra Los momentos son preciosos para todos. —¡El insensato corre al trono y a la muerte!…— Nosotros vamos a cambiar el último tiro… para llegar adonde nos esperan los caballos de silla.
En Béznar. —Naranjas y limones. —De Regidor a Rey
Cuando algunos instantes después hicimos alto en la Administración de Diligencias, sita en el centro del pueblo, nadie nos dio muestras de haber visto entrar a ABEN-HUMEYA y sus acompañantes, ni pudimos sacar en claro dónde vivÃan los VALORIS, —a cuya casa sabÃamos fijamente que habÃan ido de posada—.
¡Son tan recelosos y disimulados los moriscos!…
Pero ¡ah!, no… El disimulado era el tiempo. Me acontecÃa lo mismo que en Dúrcal con FARAG ABEN-FARAG: que entre mis visiones históricas y la realidad presente habÃan transcurrido tres siglos como por ensalmo.
Asà es que Béznar estaba muy tranquilo, celebrando también cristianamente su dÃa de San José con el asueto y atavÃo de sus moradores; que no profanando todo un dÃa de Nochebuena con abominaciones mahometanas, como aquel viernes de 1568 en que yo creÃa encontrarme… Y asà se explicaba también que el lugar estuviese lleno de sol y regocijo, que no encapotado y lúgubre; florido, que no nevado; en primavera, que no en invierno.
