La Alpujarra
La Alpujarra Pasó y desapareció la caravana, camino del infinito, donde a la postre van a perderse todos los viajeros, enfermos o sanos; y nosotros llegamos a la altura que tan distante nos había parecido desde lo hondo de la cuesta.
Allí nos esperaba otro encuentro, mucho más grato que el referido.
El horizonte se ensanchó un poco, dejándonos ver las modestas cumbres de algunas lomas sucesivas, que se escalonaban ondulando a nuestro frente, hasta acabar por estorbarnos de nuevo la perspectiva de verdaderas lontananzas…
Pero estas mismas lomas tuvieron por la izquierda dos leves descuidos, casi simultáneos, que nos permitieron divisar, durante algunos momentos, allá, lejísimos, tras los angulosos claros de varias laderas coincidentes, como por los postigos de un balcón, dos triángulos (o dos pañoletas, que dicen los caminantes clásicos) de un azul más oscuro que el del cielo…
Era el mar.
La Diligencia de Motril habría llegado ya a la costa… Nosotros estábamos a la misma distancia del Mediterráneo que cuando dejamos el coche…