La Alpujarra
La Alpujarra Innumerables cosas más hubiéramos visto y oÃdo en nuestro paseo por los alrededores de Órgiva; pero, con estas y las otras, se habÃa puesto el sol (este final es Garcilaso puro)… y ya hacÃa rato que caminábamos hacia la moruna villa, —en donde entramos cuando empezaba a cerrar la noche—.
En Órgiva (por la noche). —Más de un candil en viga. —El Rosario. —La taza de Teresa. —Entre el dÃa y la noche no hay pared
Mis recuerdos de aquella noche no se parecen en nada a los del dÃa.
Es el primero (en el orden cronológico nada más) nuestra comida en la Posada, —reunidos los diez viajeros en un grupo digno de Velázquez, o de David Teniers—, a la pretendida luz de dos candiles (¡y eso que eran dos!), y celebrando y sellando recientes amistades con el placer de yantar allà juntos… no asà como quiera en mesa redonda, sino en sartén redonda, todos a una, con militar franqueza, a fin de que la paella de rigor no perdiese su virginal perfume al pasar por el trámite de la vajilla…
