La Alpujarra
La Alpujarra Hasta allí iríamos en la Diligencia de Motril, que dejaríamos (o más bien ella nos dejaría a nosotros) en aquella venta, desde la cual arranca el camino de Lanjarón.
Y como el tal camino se convierte luego en sendas de palomas, según indicamos en los PROLEGÓMENOS, habíamos prevenido también que en Órgiva (donde haríamos noche) nos aguardasen mulos del país (calificados de irreemplazables para las asperezas extraordinarias), en los cuales nos proponíamos atravesar al día siguiente el famoso Puerto de Jubiley y lo más encumbrado de la Contraviesa.
Los caballos pasarían entonces a formar a retaguardia (este era el plan a lo menos), de reserva para los senderos verosímiles, y especialmente para las ramblas, las playas y los ríos.
Por último: iban conmigo, como ayudantes de campo de mi memoria:
D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA, Caballero,
LUIS DEL MÁRMOL CARVAJAL, Andante en corte,
y GINÉS PÉREZ DE HITA, poeta y soldado; testigos presenciales los tres e historiadores especiales de la Rebelión y Guerra de los moriscos:
D. FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA, el preclaro apologista de Zoraya, vulgo Doña Isabel de Solís, y autor del drama titulado Aben-Humeya:
MAHOMA, autor de El Corán: