La Alpujarra
La Alpujarra Todo estaba dispuesto para marchar.
Era la mañana del 19 de Marzo de 1872, dÃa de San José —en el Almanaque romano— y vÃspera de la entrada de la primavera en el hemisferio septentrional.
HacÃa tres dÃas que mi compadre y yo nos hallábamos en Granada.
Mi compadre era aquel excelente amigo de Madrid que iba a la Alpujarra a asuntos propios; —asuntos que, dicho sea de paso, respetaré y omitiré completamente—.
Además, en Granada se habÃa asociado a nuestra expedición, accediendo a mis súplicas, cierto primo mÃo, más semÃtico que jafético, a quien quiero como a un hermano, camarada tradicional e indispensable en mis reiteradas excursiones a caballo por aquella provincia.
Todos tenÃamos relaciones en los pueblos alpujarreños, y habÃamos escrito ya a nuestros respectivos amigos, después de hacer minuciosamente el plan del viaje, avisándoles el punto y hora en que nos prometÃamos abrazar a cada uno.
Los criados habÃan salido el dÃa anterior, a esperarnos en la Venta de Tablate; esto es, a seis leguas de Granada, al pie del flanco occidental de la gran Sierra…