La Alpujarra
La Alpujarra EL AUTOR DE ESTE LIBRO.—Sé lo que vais a decirme, y tengo preparada la contestación. Lo que me vais a decir es que entre las anteriores noticias figura una relativa al gobierno interior y vida particular del caudillo agareno, que os ha causado tanta sorpresa como disgusto…
LOS LECTORES.—¡Sí, señor! ¡Eso mismo!…
EL AUTOR.—Pues lo peor del caso es que yo la sabía, y que debí participárosla en el Valle de Lecrin cuando encontramos al joven D. FERNANDO DE VALOR en compañía de aquella morisca tan hermosa, que, al decir de los historiadores, solo era su querida… (LOS LECTORES se miran con asombro).
Pero (creedme) no procedí de mala fe, sino por olvido: con la gloria se me fue la memoria, y ni por asomos recordé que aquel raptor o robado (fueron mis expresiones) estaba casado con otra mujer, cuya suerte debía de ser bien desgraciada…
Y, no habiéndome acordado de pensarlo, mal pude acordarme de decíroslo, ni de condenar (como condeno ahora) todo lo pérfido y escandaloso de aquella manera de viajar… (LOS LECTORES principian a calmarse).
Sin embargo, yo no puedo creer que semejante perfidia con la legítima consorte llegase hasta el extremo de haberla dejado abandonada en la capital y expuesta así a crueles represalias de parte de los cristianos… (Todos escuchan con creciente interés).