La Alpujarra
La Alpujarra Y, como las historias se callen sobre este punto, atrévome a suponer que la ultrajada esposa vivirÃa habitualmente en el lugar de Valor, en lo alto de la Alpujarra, donde ABEN-HUMEYA tenÃa su primitiva casa señorial, y que este irÃa aquella mañana en su busca, —aunque tan mal acompañado—…
¡Desventurada mujer, de cualquier manera!… (Profunda emoción en todos). ¡Mucho más desventurada, sin duda alguna, de lo que nos la presenta MartÃnez de la Rosa en su célebre drama! —Siquiera allÃ, en medio de la más horrible catástrofe, aparece muy amada y respetada por su marido, mientras que, como veis, la verdad de las cosas era… (Risas)—.
Pero consolémonos. Tampoco tenÃa ya motivos para engreÃrse la hasta entonces preferida morisca; pues, según refiere Hurtado de Mendoza, el joven héroe, al ceñirse la corona de sus mayores, montó su casa bajo un pie severamente… mahometano.
He aquà las palabras del noble historiador:
«Tomó tres mujeres: una, con quien él tenÃa conversación, y la trujo consigo (ella): otra del rÃo de Almanzora; y otra de Tabernas, porque con el deudo tuviese aquella provincia más obligada; sin otra con quien él primero fue casado, hija de uno que llamaban Rojas»…
Total… ¡cuatro! (Estupor general. Pausa).