La Alpujarra
La Alpujarra Ni habÃan de parar aquà las cosas, —como veremos en su dÃa—.
¡Ah! El amor fue el talón vulnerable de aquel Aquiles, —y por el amor murió efectivamente—…
(Al pronunciar el AUTOR estas últimas palabras, dando muestras de hallarse muy conmovido, le dicen afectuosamente).
LOS LECTORES.—Perdone usted… Estamos satisfechos… Puede continuar la lectura.
(El AUTOR se tranquiliza: todos se sientan otra vez sobre la hierba, y aquel prosigue de este modo, después de unos instantes de meditación):
* * *
Pero la hora de tan justo castigo estaba todavÃa distante del momento en que dejamos a ABEN-HUMEYA durmiendo en Cádiar.
Recordaréis que aquel momento era la vÃspera del dÃa de su coronación.
Amaneció al fin este dÃa, y el primer acto del prÃncipe islamita fue nombrar su Capitán General[33] a aquel D. FERNANDO EL ZAGUER, llamado también ABEN-XAGUAR, de quien ya hemos hablado anteriormente; el cual era tÃo carnal suyo, hermano de su encarcelado padre, y hombre influyente y acaudalado, que habÃa sido la cabeza y el alma de toda la conspiración[34]…