La Alpujarra
La Alpujarra Subida a la Contraviesa.—Historia de una uva
Estábamos al pie de la Contraviesa… es decir: habÃa llegado el momento solemne de trepar a la gran montaña interior del amurallado recinto alpujarreño, —de la cual el cerrajoncillo que salvamos aquella mañana, nieto suyo e hijo de Sierra de Lújar, no habÃa sido más que un prólogo, o, por mejor decir, un destacamento de caballerÃa ligera, comandado por el impetuoso Jubiley—.
Desde lo alto del Puerto de este nombre habÃamos contemplado la lÃnea del Norte de la Alpujarra… esto es, una octava parte de los misterios que anhelábamos descifrar… ¡Desde lo alto de la Contraviesa, o sea desde el eminente Cerro Chaparro, contemplarÃamos, como a vista de pájaro, toda la Alpujarra, absolutamente toda, de la frontera del Norte a la del Sur, de la del Este a la del Oeste!
Asà nos lo prometÃa, por lo menos, en elocuentÃsimas arengas el joven Cura de Albondón complacido hasta lo sumo al ver el entusiasmo que nos inspiraba aquella poderosa naturaleza de él tan querida. —Hubiérase dicho que era Pedro el Ermitaño, describiendo a los cruzados la hermosura de Jerusalén, a fin de animarlos a sufrir con paciencia las penalidades del camino—.
Emprendimos, pues, la subida.
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