La Alpujarra
La Alpujarra Más claro: los oteros australes de la Contraviesa se destacaban sobre la bóveda del mar, —en vez de destacarse, como los otros montes, sobre la bóveda del cielo—.
Y digo la bóveda del mar, porque desde aquella suma eminencia (¡oh maravilla!), veÃamos el Mediterráneo…, no debajo de nosotros como una llanura, sino colgado del firmamento como un telón; no tendido en semicÃrculo horizontal, como resulta cuando se le mira desde sus riberas, sino levantando un enorme arco, o más bien un enorme disco, sobre la lÃnea del horizonte, cual si fuese una inconmensurable sierra de agua.
Nunca habÃa reparado yo hasta entonces en aquel sorprendente efecto de óptica, que, si no me engaño, se debe, entre otras causas, a la redondez (tantos siglos desconocida) del planeta en que escribo estos renglones…
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Por cierto que detrás de aquel arco o mitad de disco, o sea por encima de él, se percibÃan vagamente, a pesar de esa redondez de la tierra, algunas cumbres del gigantesco Atlas, rey de los montes africanos… ¡Tan elevadas se hallan sobre el nivel del mar!…