La Alpujarra

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Quedó, pues, acordado que a la mañana siguiente saldríamos hacia el Norte con dirección a Murtas y Jorairátar: que desde aquí retrocederíamos luego al Sur hasta bajar al mismísimo mar por la parte de Adra, y que de esta villa regresaríamos a Albuñol, recorriendo para ello todas las playas del Gran Cehel.

Formado este plan, que sumaba unas diez y seis leguas, repartidas entre caminos por las nubes y caminos por los abismos, pasamos el resto de aquella tarde empapando nuestro espíritu y nuestro cuerpo en el dulce reposo oriental que el cielo y la tierra brindan en Albuñol.

¡Ay! En Albuñol hubiéramos podido repetir lo que dijo de Berja (distante de allí cuatro leguas a vuelo de pájaro) un poeta árabe llamado Abulfadhl-ben-Xafat-Alcairawani:

«Cuando llegues a Berja dispuesto a marchar, detente en ella y deja el viaje».

«Porque todo lugar es en ella un paraíso, y todo camino hacia ella un infierno».

O, lo que dijo el antiquísimo poeta Abulatahia, favorito del Califa Harum Arraxid:

«El mundo procura nuestra seducción. ¡Dios sea loado!»

- III -

Sesión nocturna. —Noticias de la Guerra


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