La Alpujarra
La Alpujarra Así las cosas, había acontecido en Jubiles este trágico episodio, digno ciertamente de la apasionada fantasía de Lord Byron. A la llegada de MONDÉJAR, los trescientos moriscos sin armas y las mil trescientas mujeres que allí habían quedado (pues toda la gente de combate se había ido con ABEN-HUMEYA) rindieron el castillo y se entregaron prisioneros. El MARQUÉS dispuso que aquellos cautivos fueran muy vigilados, y, no cabiendo todos en la iglesia y casas principales, ocupadas por sus tropas, mandó que unas mil mujeres acampasen fuera del lugar, cercadas por un cordón de centinelas…
Pero oigamos a Mármol, que fue el que nos refirió el hecho con más pormenores:
«Sería como media noche (dijo), cuando un mal considerado soldado quiso sacar de entre las otras moras una moza: la mora resistía, y él le tiraba reciamente del brazo para llevarla por fuerza, no le habiendo aprovechado palabras; cuando un moro mancebo, que en hábito de mujer la había siempre acompañado (fuese su hermano, o su esposo, u otro bien queriente), levantándose en pie, se fue para el soldado y con una almarada que llevaba escondida le acometió animosamente, y con tanta determinación, que, no solamente la moza, mas aun la espada le quitó de las manos, y le dio dos heridas con ella, y, ofreciéndose al sacrificio de la muerte, comenzó a hacer armas contra otros, que cargaron luego sobre él.