La Alpujarra
La Alpujarra En cuanto al insigne individuo de ella que había ido de Turón a Albuñol a incorporarse a nuestra cabalgata, tenía un título especial a mi cariño, y este título era: que veinticinco años antes nos tuteábamos ya en la Universidad de Granada…
Vinum novum, amicus novus: veterascet, et cum suavitate bibes illud, dicen las Sagradas Letras.
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A la salida de Albuñol nos despedimos del señor cura, —que se marchó a su feligresía (no sin arrancarnos antes palabra formal de visitarlo en ella), —y nosotros tomamos por la Rambla de Aldáyar, a tiempo que asomaba el sol por el Oriente.
Era Viernes de Dolores. La mañana se presentaba hermosísima. Teníamos a nuestra disposición un día entero para andar las tres leguas que dista Murtas de Albuñol, y el camino, según nuestros informes (de que ya os he dado cuenta más atrás), estaba lleno de curiosísimos accidentes y pintorescas perspectivas.
Por todas estas consideraciones acordose viajar muy despacio, o más bien ad libitum, y cada uno por los vericuetos que prefiriese, aunque sin perdernos nunca de vista.
Pero, me diréis: «¿Qué tenía que ver el que fuese Viernes de Dolores con semejante determinación?».