La Alpujarra
La Alpujarra —¡Basta el Domingo de Ramos a las ocho de la noche! —contestamos nosotros con toda solemnidad.
Y partimos.
[…]
Un nuevo compañero se habÃa agregado a la caravana.
Erase un nobilÃsimo hijo del lugar de Turón (adonde también nos dirigÃamos), y pertenecÃa a la misma tribu que aquel bizarro joven que nos introdujo en territorio alpujarreño, a la misma que el simpático Hércules que nos acompañaba desde Órgiva, a la misma que nuestro espléndido huésped de Albuñol.
Dicha tribu es, sin duda alguna, la principal de la Alpujarra, —lo cual no niegan sus propios adversarios—: ha dado Ministros a la Nación y Prelados a la Iglesia: cuenta Representantes de su nombre y de su fibra en muchÃsimas localidades de la comarca, y, en todas ellas, el que nació de tal sangre es objeto del amor o de la pugna de sus convecinos, pero jamás de su indiferencia, y siempre de su respeto.
Considero tan esencial y caracterÃstico de la Alpujarra contemporánea lo que acabo de decir, que no he creÃdo deber callarlo. Aquella familia no es ya solamente polÃtica: cuarenta años de victorias o reveses la han elevado a histórica.