La Alpujarra
La Alpujarra «Al llegar a aquella elevación (dice la Historia), BOABDIL refrenó su caballo y se detuvo embebecido mirando con emoción tristísima la ciudad de las hermosas torres, y centro en otro tiempo de su grandeza. El monarca infeliz alivió la amargura que rebosaba en su pecho derramando algunas lágrimas; y exclamando: “¡Allah Akbar! (¡Oh gran Dios!)”, picó los ijares de su caballo y dio con hondos suspiros los últimos adioses a Granada.
»Se dice que AIXA, su magnánima madre, advirtió la debilidad del hijo y le reprendió diciendo: “Haces bien en llorar como mujer, ya que no has tenido valor para defenderte como hombre…”»
[…]
y mirando colérica a Granada,
huyó vencida, pero no domada.
Como el reo de muerte que a la vida
y al sol y al cielo con afán profundo
da el adiós de suprema despedida…
así BOABDIL, lanzado de aquel mundo
en que dejaba su ilusión querida,
«¡Adiós!» dijo con aye moribundo;
e inclinando la frente sobre el pecho,
huyó también, en lágrimas deshecho…
Y tras él, en confuso torbellino
partieron todos; y del sol la lumbre
vio, de polvo entre un ancho remolino,