La Alpujarra

La Alpujarra

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Terminada aquella noche la tertulia, a la cual asistieron, entre otras muchas personas, dos respetables sacerdotes, hermano el uno[45] y sobrino el otro de nuestro noble huésped de la arábiga Albuñol (que así están hoy de barajadas las cosas alpujarreñas, ni más ni menos que cuando las moriscas parían allí Beneficiados), hicimos y publicamos el programa del día siguiente, en virtud de cuyo primer artículo todo el mundo tenía que estar a caballo antes de que saliera el sol.

Retirose, pues, en seguida cada cual a su cuarto, a fin de aprovechar las contadas horas destinadas al sueño; pero la crítica situación en que aquella tarde habíamos dejado a ABEN-HUMEYA tenía demasiado excitada mi curiosidad para que pudiese dormirme sin averiguar qué había sido de él.

¿Llevó adelante el MARQUÉS DE MONDÉJAR su menguado propósito de deshacerse del REYECILLO por medio del soborno y de la traición?

¿Lo consiguió efectivamente?

La contestación a estas dos preguntas la leí estando ya en la cama, y no me dejó pegar los ojos en toda la noche; o si los pegué, fue para seguir viendo lo mismo que causara antes mi desvelo.

He aquí lo acontecido.

- VIII -

Asechanza contra Aben-Humeya. —Aparece en escena Aben-Aboo. —Bárbaro tormento

Había vencido el infierno.


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