La Alpujarra
La Alpujarra Terminada aquella noche la tertulia, a la cual asistieron, entre otras muchas personas, dos respetables sacerdotes, hermano el uno[45] y sobrino el otro de nuestro noble huésped de la arábiga Albuñol (que asà están hoy de barajadas las cosas alpujarreñas, ni más ni menos que cuando las moriscas parÃan allà Beneficiados), hicimos y publicamos el programa del dÃa siguiente, en virtud de cuyo primer artÃculo todo el mundo tenÃa que estar a caballo antes de que saliera el sol.
Retirose, pues, en seguida cada cual a su cuarto, a fin de aprovechar las contadas horas destinadas al sueño; pero la crÃtica situación en que aquella tarde habÃamos dejado a ABEN-HUMEYA tenÃa demasiado excitada mi curiosidad para que pudiese dormirme sin averiguar qué habÃa sido de él.
¿Llevó adelante el MARQUÉS DE MONDÉJAR su menguado propósito de deshacerse del REYECILLO por medio del soborno y de la traición?
¿Lo consiguió efectivamente?
La contestación a estas dos preguntas la leà estando ya en la cama, y no me dejó pegar los ojos en toda la noche; o si los pegué, fue para seguir viendo lo mismo que causara antes mi desvelo.
He aquà lo acontecido.
Asechanza contra Aben-Humeya. —Aparece en escena Aben-Aboo. —Bárbaro tormento
HabÃa vencido el infierno.
