La Alpujarra
La Alpujarra De todos modos, al perder nosotros de vista aquella mañana el cielo granadino, y considerar la infinita angustia con que el infeliz agareno le daría el postrer adiós, solo tuvimos entrañas para compadecer su desdicha, fuesen cualesquiera sus delitos y los de su raza, que diría a este propósito un escritor transcendental, y prescindiendo también (momentáneamente) del derecho histórico, del interés patrio y de la conveniencia particular que asistían a sus vencedores…
Porque en aquel trance fatal (lo repito en prosa) el destronado y proscrito Rey se nos representaba como el condenado a muerte que, lleno de vida y juventud, hace un alto en las gradas del patíbulo y se despide para siempre de la luz del día y de todas las esperanzas que acarició en el mundo…
BOABDIL tenía entonces treinta años.
Lo que fue de Boabdil
La melancólica esterilidad del callejón de montañas en que entramos luego, parecía imaginada por un autor dramático aficionado a transiciones violentas y contrastados cambios de decoración.
