La Alpujarra
La Alpujarra La orilla del mar
Cortijeros y cortijeras. —De Murtas a Turón. —Acerca de los higos. —De cómo mi primo clavó clavos
Asomó al fin por las doradas puertas del Oriente, que se decÃa en mejores tiempos, el dÃa de nuestro viaje al mar. Llegó, sÃ, aquel dÃa tan suspirado; y transcurrió; y desapareció muy luego para siempre, como todos los de nuestra falaz existencia… Pero en verdad os digo, aunque ello os parezca inverosÃmil, que, si grande es el entusiasmo con que lo vimos amanecer, mayor es aún la satisfacción con que lo recuerdo en este instante. ¡Tan lejos estuvo de defraudar nuestras esperanzas, y de aventuras tan honrosas (para nuestros caballos especialmente) es hoy la memorable fecha!
Mas procedamos con el debido orden; a cuyo efecto, volvamos a principiar este capÃtulo.
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Cuando salimos de Murtas, que no fue tan temprano como se habÃa dispuesto la noche anterior, entraban en el lugar numerosas bandadas de hombres, mujeres y niños, ora a pie, ora en mulos, jumentos o caballos, y todos vestidos con esmero. Era la población de los 107 cortijos antes mencionados, que acudÃa a la Función de las Palmas o Misa de los Ramos, como allà se dice. (Nosotros habÃamos oÃdo otra menos solemne).
