La Alpujarra
La Alpujarra En aquellas alturas hacía un frío espantoso. Las campesinas llevaban, pues, echada sobre la cabeza, a guisa de manto, la falda del zagalejo; y como quiera que los tales zagalejos estén todos forrados de bayeta verde, amarilla o encarnada, y debajo de ellos aparezca otra saya de la misma tela, y por lo general del mismo color, aquellas mujeronazas, airosas y gallardas de suyo, resultaban sumamente bellas y elegantes… suponiendo que se las considerase desde el punto de vista artístico… y desde lejos, por añadidura. Ya que no la estatuaria gentil, traían a la imaginación la pintura mural cristiana, o sea aquellos grandes frescos en que tan frecuente es ver vestidas de un solo color las épicas mujeres de la Biblia. En cuanto a los cortijeros, llevaban una especie de tabardo con esclavina y un sombrero de extensas alas. Con semejante equipo, más parecían soldados de Felipe II que descendientes de los moros. Y a la verdad, su abolengo era aquel y no este, como ya demostraremos en su día…
Pero tampoco va ahora la relación a mi gusto. Principiemos por tercera vez.
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El camino de Murtas a Turón se reduce casi todo a una pendientísima cuesta, de tres cuartos de legua de longitud, que termina en la rambla de este último nombre.