La Alpujarra
La Alpujarra »D. JUAN, que había calmado la inquietud de los proscriptos, tuvo que deplorar un suceso funesto. El capitán de Sevilla, ALONSO ARENALLO, dispuso llevar los moriscos de una parroquia, precedidos de un crucifijo en el asta de una lanza cubierto con un velo. Los desventurados que veían aquella insignia, y las moriscas que caminaban llorando detrás, creyeron que eran conducidos al cadalso, y una de ellas exclamó: “¡Oh desventurados de vosotros, que os llevan como corderos al degolladero! ¡Cuánto mejor os fuera perecer en las casas donde nacisteis!”. Con este hecho hubo ya algunas alarmas, hasta que, al llegar a la puerta del Hospicio, un Carranchel, llamado VELASCO, dio un palo a un morisco joven medio loco: este le hirió con un ladrillo que halló a la mano: acudieron los alabarderos al alboroto, y, creyendo que el herido era D. JUAN, mataron al morisco y trataron de hacer lo mismo con los restantes. Presentose D. JUAN y apaciguó el tumulto, y mandó al historiador LUIS DEL MÁRMOL y a D. FRANCISCO SOLÍS la ejecución de algunas medidas que evitasen tales desórdenes.