La Alpujarra
La Alpujarra »Con la más exquisita vigilancia, para refrenar las intenciones aviesas de la soldadesca, fueron encerrados todos los moriscos de Granada y de su Vega útiles para la guerra, quedando por entonces los viejos, las mujeres, los niños, muchos artesanos útiles y otros que tuvieron favor o medios de gratificar a los agentes subalternos fue (dice MÁRMOL) un miserable espectáculo ver tantos hombres de todas edades, las cabezas bajas, las manos cruzadas y los ojos bañados de lágrimas, con semblante doloroso y triste, viendo que dejaban sus regaladas casas, su familia, su patria, su naturaleza, sus haciendas y tanto bien como tenían… Quedó grandísima lástima a los que habiendo visto la prosperidad, la policía y el regalo de las casas, cármenes y huertas, donde los moriscos tenían todas sus recreaciones y pasatiempos, y desde a pocos días lo vieron todo asolado y destruido.
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»Mientras D. JUAN y sus consejeros se ocupaban en expulsar los moriscos de Granada y su vega, ABEN-HUMEYA hacía una correría gloriosa por los lugares del Río Almanzora, y se proporcionaba reclutas, armas y caballos. Satisfecho del buen resultado de su incursión, regresó al Laujar de Andarax para organizar nuevas huestes y dar algún respiro a sus voluntarios.