La Alpujarra
La Alpujarra * * *
La Iglesia, por su parte, había conmemorado aquella mañana, en el Evangelio de la Misa, una de las últimas escenas de la vida del SALVADOR, —vida que ya tocaba a su fin mortal, a su complemento entre los hombres—.
Y nosotros, a fuer de cristianos, obligados, aunque estuviésemos de viaje, a meditar en los Misterios de la solemne Semana que había dado principio, nos detuvimos y deleitamos mucho en aquella conmemoración.
He aquí las palabras de San Juan[51]:
«JESÚS, seis días antes de la Pascua, vino a Bethania, en donde había muerto Lázaro, al que JESÚS resucitó.
»Y le dieron allí una cena: y Martha servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados con él a la mesa.
»Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo puro de gran precio, y ungió los pies de JESÚS, y le enjugó los pies con sus cabellos, y se llenó la casa del olor del ungüento».
Y, a la noche, hojeando el Nuevo Testamento, leímos en el Evangelio de San Lucas aquel otro suceso tan análogo, ocurrido con cuatro días de anterioridad, y no casa de Lázaro, sino casa de Simón el Leproso.