La Alpujarra
La Alpujarra Y, a la verdad, la desaparición de MORAIMA en tal instante, más que un inevitable eclipse decretado por la muerte, más que aquella melancólica ausencia de los finados que van a aguardarnos a otro mundo, parecía una cruenta separación en vida; algo tan desesperado y tremendo como las despedidas al pie del cadalso, o como un divorcio no deseado por una de las partes.
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Sucedió esto a últimos de Agosto. En fin, a primeros de octubre, BOABDIL su madre, su hermana, su hijo y algunos amigos y criados, salieron del puerto de Adra, en una carraca de Íñigo de Artieta, mientras que en otra carraca genovesa y dos galeotas iban hasta mil ciento treinta moros más, que huían espontáneamente de la dominación castellana.
Favorables viento y mar a su infortunio, facilitáronles el acceso a la costa de enfrente, y, al otro día, aquellos navegantes, que llevaban al suelo africano los tristes restos del Imperio muslímic-español, tocaron tierra en Caraza, a poca distancia de Melilla.
¡Por allí volvía a entrar en África, al cabo de ochocientos años, desheredada y llorosa, la hueste aventurera de TARIC, después de haber sido señora de casi toda la Península Ibérica!